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La plata vale y por partida triple, al menos.

La plata vale
Cuando la plata se funde y se transforma en una joya para toda la vida.

Desde tiempos remotos, este metal, se valora por ser maleable y permitir con facilidad elaborar piezas de adorno, como la joyería que tanto nos gusta, y otras tantas para el desarrollo de la tecnología que cada vez utilizamos más.

Si desde entonces el valor de la plata llegó a respaldar la fortaleza de las monedas de varios países, entonces como ahora, su precio es estable. Pero la plata también vale porque da certidumbre a quien la posee de que no será depreciada ni en relación con el precio internacional ni en razón con el desgaste que tienen otros mentales. Ejemplo de ello son las piezas de ornato con más de 500 años de antigüedad, como las religiosas del inicio del cristianismo en Roma o las que funcionaron para la evangelización en España y Portugal, y poco más tarde en América.

La plata vale también por el trabajo que en esta se ejerce por medio de diseñadores, artistas y artesanos que dan forma a los más variados utensilios, adornos, y joyas. Vamos, visto de esa manera, la plata vale porque comprende trabajo invertido y por ende no sólo su precio da certidumbre sino que, al paso del tiempo, lleva a incrementarse. Esto implica, por supuesto, también un valor histórico pues una joya hecha por un artesano es una pieza única, tan exclusiva como su dueña.

El valor de una joya de plata contra el de la bisutería resulta muy superior  tanto económicamente, como en su registro histórico o memoria cultural. La bisutería respecto de la plata es como si viéramos un foco y lo comparamos con la Luna: el foco se usa y se tira, en cambio la luna nos trasciende.

La plata vale aún más cuando se transforma y da vida a una joya hecha a mano por artesanos mexicanos. También, y muy importante, cuando tiene el sello de 925, lo que quiere decir que si la dividiéramos en 1000, está conformada por 925 partes de plata pura y por 75 de otro metal para hacerla maleable.

Entonces, ten siempre presente que la plata – y la joyería qué tanto te gusta – vale por su valor intrínseco, por su vigencia imperecedera, y por reflejarte a ti única e irrepetible y, ante todo, auténtica.

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